Se pelean a los gritos las hermanas de la despensa.
Las escucho desde la ventana del baño, pero no las veo.
Se recriminan. Una se asusta y llora.
Las chicas de la despensa se pelean mientras llueve
y dicen palabras como “toldo” y “no me di cuenta”.
En un momento, salen a la vereda y las puedo ver.
Están solas las chicas de la despensa.
Vivieron toda la vida
una atendiendo el negocio
y la otra limpiando el piso.
Sé que las dos soñaron con viajar a México
mientras cortaban queso en fetas
o sacaban con un trapo la oleosidad del cajón.
Cómo me gustaría poder materializar
dos sables de luz de Star Wars
y darle uno a cada una de ellas
para que se peleen a lo grande.