Regresé al bar del gallego Rosendo después de tres semanas. Cuando entré, en nuestra mesa estaba el Zorro, como siempre, pero esta vez hablaba con un ser desconocido. Saludé y me ubiqué en el mismo lugar que ocupaba todos los martes. El viejo me presentó al ocasional invitado: era el Fantasma Suárez, ex lateral derecho del Deportivo Barco Viejo, el equipo más importante del pueblo vecino. El Zorro, fiel a su trabajo de periodista, entrevistaba a Suárez con la concentración de sus viejos tiempos.

— La prensa y los hinchas nunca reconocieron la importancia de mi trabajo para el equipo –comentaba Suárez, circunspecto-. Cuantas veces habré despertado la admiración de mis compañeros, que sabían ver otras cosas. Aún así, la hinchada nunca me dedicó ni un insulto, ni siquiera el día que no encontraba la pelota.

— ¿Cómo fue eso, Fantasma? –preguntó el Zorro, intrigado.

— Faltaba menos de un minuto para que terminara el partido contra Defensores del Puerto. Teníamos que hacer un gol para clasificar a la segunda ronda. Yo iba trotando junto a la línea y no escuché a Miguel, que me pedía el balón para hacer un lateral. La gente, desde atrás del alambrado, me gritaba y señalaba el rincón donde estaba la pelota. Pasó tanto tiempo que un rival se la alcanzó al cuatro nuestro para que sacara. ¡Como me puteaban mis compañeros! Sacó Miguel y terminó el partido… Nos quedamos afuera justo contra Defe, nuestro clásico rival, pero ni en ese momento la gente se enojó conmigo. Es que yo era un tipo abnegado: trotaba, corría, saltaba, me tiraba al suelo. Me mataba, sin descanso. Recuerdo el desencanto que sentía cada vez que el árbitro daba por finalizado el partido. Entonces dejaba de trotar, me ponía el buzo y regresaba al banco de suplentes. Un compañero de equipo, Pachorra Godoy, me esperaba con una botella de agua y me decía: “dale Suárez, no podés estar cansado, si no jugaste ni un minuto”. Me ponía furioso el gordo. Yo siempre estaba del lado de afuera de la línea, pero no era un vago como él.

El Zorro se quedó mudo, sin saber que decir, y se pidió otro whisky. Mientras bebía, apreciaba la caída del sol por la ventana.