La tarde, ventosa y helada, me invitaba a refugiarme en el bar de Rosendo. Adentro, el Zorro aguardaba enquistado en la misma silla de siempre. Cuando entré al viejo se le iluminaron los ojos, que hasta ese momento se perdían en algún punto fijo del horizonte.

— Pibe, al fin llegaste. Escuchá esta historia, no creo que la conozcas porque sucedió hace mucho tiempo -me recibió el Zorro. Dejé el abrigo en el respaldo de la silla y me dediqué a prestarle atención al viejo.

— Una vez, en cancha de Villa Diamante, jugaban el local y Juventud. Era uno de los primeros clásicos de la historia . Yo era muy joven y trabajaba para el diario local -El viejo hizo una larga pausa y se puso a jugar con los hielos del vaso de whisky. Luego, se dio ánimos con un trago largo y continuó-. Bueno, en aquel entonces en Diamante jugaba un zurdito que era muy habilidoso, imparable, pero también muy jodón. Andaba siempre de baile en baile, se metía en los boliches más oscuros, y se levantaba en la cama de cualquier mujer de la noche.

— El famoso Turco Sukor -acoté con seguridad.

— Exacto -continuó el Zorro-. Yo estaba muy cerca del palco oficial, junto a otros periodistas. El partido estaba 3 – 0 a favor de los locales. El Turco había anotado dos y se paseaba con la pelota en sus pies por toda la cancha; nadie podía quitársela. Juventud, con uno menos por un intento del central Cevallos de amputarle una pierna al zurdo, pasaba vergüenza. Resulta que en un momento el Turco empezó a gambetear a sus propios compañeros. Algunos decían que estaba borracho, otros opinaban que como le sobraba categoría, se aburría. Yo no podía creer lo que estaban viendo mis ojos. El pibe iba de acá para allá con la pelota en los pies mientras diecinueve hombres en pantalones cortos intentaban atraparlo. Durante diez o quince minutos, el partido se convirtió en otra cosa, un espectáculo circense. En las tribunas todos reían, hinchas locales y visitantes. Hasta que, de pronto, el comisario Maldoni, que presenciaba el partido muy cerca mio, sacó su pistola y apuntó directo a la rodilla derecha del Turco. El zurdo nunca más volvió a maravillar al público en un campo de juego -el viejo terminó el whisky y pidió la cuenta.