En la Ciudad de Buenos Aires todo el mundo hace ejercicio. Alguien pensará que los habitantes de los grandes conglomerados de seres humanos poseen un avezado interés por la salud física. Es poco probable que así sea. En realidad, el ciudadano medio debe poseer ciertas aptitudes atléticas que le permitan adaptarse a condiciones rigurosas de vida. No es una elección por lo sano: en la metrópoli porteña, la gimnasia es una condición para la supervivencia.

Por eso, toda circunstancia que se observa en la vía pública podría analizarse con la lógica de la evolución de las especies que tan magistralmente pensó Charles Darwin. Sin profundizar en la teoría de la evolución por selección natural que el biólogo británico planteó en el siglo XIX, cualquier persona con interés por reflexionar sobre sucesos cotidianos se vería tentada en aplicar la idea darwiniana a un acontecimiento diario de la vida urbana contemporánea que sucede cada muy pocos minutos, desde la mañana hasta la noche, debajo de la tierra: la carrera por alcanzar la escalera mecánica del subte.

Es curioso, se supone que éste es un invento para dos clases de personas: los holgazanes que no quieren hacer el esfuerzo –tedioso- de subir peldaño a peldaño, y las personas que sufren algún problema físico. Sin embargo, cada vez que el tren subterráneo se detiene en una estación, la mayor parte de los pasajeros que egresan se lanzan a una corrida sin descanso por llegar antes a la escalera mecánica. Y son los más rápidos, claro, los primeros en abordar los peldaños móviles.

¿Cuál es el sentido de esta acción?, ¿hacer el gasto de energía en el trayecto para luego descansar en un escalón móvil?, ¿llegar primero a la escalera? Varias veces me encontré a mí mismo compitiendo con algún joven oficinista trajeado o ciertas señoras mayores que luego de tomarse un analgésico proceden a partirse todos los huesos de las piernas en el afán de adelantarse al resto. El que se demore en la llegada será víctima del atropello general. De ahí se infiere que sólo pueden adaptarse los corredores más capaces.