“Menos mal que estamos ligados a la contradicción. Stalin, que era un tipo bastante bestia, fue el que decretó que la lógica lineal se aplicaba al marxismo y que había que entender todo en línea recta, pasando por alto que todo lo que mueve la historia y la vida es la contradicción. En nombre del marxismo, surgieron regímenes que absurdamente combinaron la contradicción con la herejía. Entonces, el contradictor, el discrepante, el que no coincidía con la línea oficial del partido del gobierno stalinista, que se proclamaba marxista, era un hereje que merecía la hoguera. Cuando la contradicción, según Marx, es una prueba de que la vida está viva. Eso no tiene que ver con la literatura, pero a la vez sí tiene que ver, porque tiene que ver con el lenguaje, con todo”.