El tipo se pinta las rodillas con barro, se desliza laborioso por el campo, quitando o rechazando pelotas.

Es el hombre que espera detrás de todos, mira la espalda de sus compañeros, sólo delante del arquero, que le mira la espalda a él.

Se lo llama zaguero, que significa: “el jugador que se coloca detrás en el juego de pelota”. Cuando el defensor central interviene, lo hace para resguardar la valla sin manos. Salvador providencial que se gana los aplausos cuando detiene al delantero que avanza como un tren con el esférico, como una pared humana en el fondo que impide la ofensiva de los lanzadores que van a la vanguardia. También se gana los insultos cuando arremete con violencia sobre el cuerpo del otro.

Es la retaguardia, sitio que ocupan los zagueros, el lugar desde el cual comienza a planearse la estrategia del equipo. Allí, los caudillos alzan la voz para alertar a los medios y arengar a todos.

En el fondo está el carácter de la escuadra; se puede medir su temple a partir de la actitud de su defensa.

En los partidos entre amigos, los defensores son los tipos que todos quieren y por eso son invitados a jugar, pero después son los primeros que terminan a los tortazos por alguna patada lanzada con desmesura.