Hoy, lunes, la única tarea que se me asignó fue llamar por teléfono para solicitar una encomienda. Es curioso como lo que puede parecer un pedido insignificante, se vuelve un trámite engorroso e interminable. El tono ocupado me induce al crimen.

Finalmente, logré comunicarme y pedir la encomienda.

Se trata, en fin, de hacer algo trascendente de lo que no es más que vacio, hoja en blanco, un día más sin desafios.