También en la heladería.

El lugar, vacío. Primero pide El Loquito, sigue El Ruso -que le copia la mousse de limón, su gusto preferido.

Ultimo en ser atendido, El Alemán.

Los tres piden el vaso de galletita más chico, porque la heladería es de las que tienen empleados con boinas y ropas de colores marrones, y cobran a precio dolar.

El Loquito y El Ruso reciben su helado, y cuando le toca al Alemán… no hay más vasitos de galletita.

Unos segundos después llega a la mesa, cabizbajo, detrás de sus dos amigos, que ni reparan en el vaso de plástico que lleva en su mano derecha -esos que le dan a los chicos, o al Negro, para que no se manchen con helado.

Luego hablaría de sus problemas, de su insufrible manera de encontrarle a todo lo bueno, algo malo.